domingo, 3 de mayo de 2020

Un futuro antiguo Egipto

Egipto lleva en su imaginario una concepción romántica (quizá está sea una condición esencial de cualquier imaginario), sobre todo si jamás se ha estado ahí. Al mencionarlo, casi invariablemente vienen a la mente dos imágenes muy marcadas y definidas: las grandes pirámides de Guiza y la reina Cleopatra. Si nos aventuramos más, quizá pudiéramos imaginar a la Faraona entrando a las pirámides, rindiendo ofrendas a sus antecesores y, quizá, planeando su propio mausoleo: más grande, más majestuoso y más mítico que el de Keops.
Muy probablemente este jamás fue el caso. Amén que Egipto se encontraba, por un lado, enfrascado en una guerra civil en la que cleopatra era protagonista junto con su hermano Ptolomeo por la ocupación del trono y, por otro lado, tenían a las puertas a la pujante Roma a punto de conformarse como un imperio; lo cierto es que Egipto se encontraba ya cansado y en una franca caída e inevitable debacle, esto porque el imperio, para entonces contaba con más de tres mil años. Y es esto a lo que quiero llegar: cuando pensamos en Egipto y nos imaginamos sus dos figuras más icónicas, no caemos en cuenta que entre la terminación de la pirámide de Keops y el nacimiento de Cleopatra, transcurrieron dos mil quinientos años; todavía medio milenio más de lo que nos separa del nacimiento de Cristo.
Lo que intento decir es que Cleopatra se encuentra más próxima a nosotros que a las grandes pirámides con las que la identificamos. Este pensamiento me maravilla y obnubila, a la vez que me asusta y me invade un terror cósmico y una desolación dentro de las proporciones terrenales.
Para ponerlo en perspectiva: el celular fue inventado en 1973, apenas 2042 años de diferencia con el nacimiento de la Reina. Cleopatra está más cerca al teléfono celular y al Internet que a esa pirámide tan imponente que aún perdura al día de hoy.
Si tomamos esos 500 años que le salen sobrando a Cleopatra respecto a la terminación de la pirámide en comparación de la invención del celular y los utilizamos para nosotros mismos, descubriremos que hace 500 años (1520) Magallanes estaba surcando el Pacífico para darle la vuelta al mundo, el imperio mexica estaba siendo tomado por los españoles, Cortés lloraba su noche triste y Lutero traía a la Iglesia de cabeza con sus reformas a la manera de interpretar y practicar lo sagrado. Interesante tiempo: con el saqueo en el nuevo mundo y el renacimiento en su apogeo en el viejo, comenzaba a darse forma al mundo moderno, ese que marcaría las pautas que habrían de regir (y otras que habrían de transgredirse en) el mundo que es hoy.
Ahora, tomemos esos mismos quinientos años y en vez de mirar atrás, volteemos hacia adelante. No puedo evitar preguntarme ¿habrá algo qué ver? ¿Estaremos nosotros en esa imágen?.
Vayamos más allá y tomemos esos 2500 años que separan a la pirámide de Cleopatra y tomémoslos para nosotros y un futuro incierto.  Desde la pirámide hasta cleopatra, tan sólo en su país, 25 generaciones de gobernantes habían regido;los dioses egipcios fueron desfilando, desde Amón, el creador; la trinidad de la familia (¿suena familiar?) de Isis, Osiris y Horus; hasta el que, se estima, podría ser el primer "único Dios" de la historia: Atón.
Nosotros ya no tenemos faraones - salvo uno que otro gobernante que aspira a convertirse-, tenemos sistemas políticos y económicos que están en constante evolución y sujetos a crítica; en 2500 años a partir de ahora, sistemas irán y vendrán. Al igual que en el antiguo Egipto, otros dioses ocuparán los futuros altares y, con un poco de suerte, ningún dios ya.
Estamos en un momento de la historia donde nadie nos asegura que exista siquiera mañana. Encerrados, resguardados, guarecidos en nuestras casas, me viene a la mente esa serie de hace 25 años (después de las fechas empleadas, no me atrevo a calificar como "vieja" algo con apenas un cuarto de siglo) que nos mostraba la vida de una familia de dinosaurios antropomórficos en la cual, en su último capítulo, se encontraban encerrados en su casa sin poder salir ante la llegada de una natural e infranqueable era glaciar: la era de los dinosaurios había terminado.
"Yo no sé mañana" reza una alegre canción un poco más contemporánea, mientras tanto y ante el marasmo que somos ahora, le ayudo a ocultarse al sol (¿Atón, quizá?) imaginándome lo que fuimos y lo que, de ser, seremos o podríamos llegar a ser.

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