Egipto lleva en su imaginario una concepción romántica (quizá está sea una condición esencial de cualquier imaginario), sobre todo si jamás se ha estado ahí. Al mencionarlo, casi invariablemente vienen a la mente dos imágenes muy marcadas y definidas: las grandes pirámides de Guiza y la reina Cleopatra. Si nos aventuramos más, quizá pudiéramos imaginar a la Faraona entrando a las pirámides, rindiendo ofrendas a sus antecesores y, quizá, planeando su propio mausoleo: más grande, más majestuoso y más mítico que el de Keops.
Muy probablemente este jamás fue el caso. Amén que Egipto se encontraba, por un lado, enfrascado en una guerra civil en la que cleopatra era protagonista junto con su hermano Ptolomeo por la ocupación del trono y, por otro lado, tenían a las puertas a la pujante Roma a punto de conformarse como un imperio; lo cierto es que Egipto se encontraba ya cansado y en una franca caída e inevitable debacle, esto porque el imperio, para entonces contaba con más de tres mil años. Y es esto a lo que quiero llegar: cuando pensamos en Egipto y nos imaginamos sus dos figuras más icónicas, no caemos en cuenta que entre la terminación de la pirámide de Keops y el nacimiento de Cleopatra, transcurrieron dos mil quinientos años; todavía medio milenio más de lo que nos separa del nacimiento de Cristo.
Lo que intento decir es que Cleopatra se encuentra más próxima a nosotros que a las grandes pirámides con las que la identificamos. Este pensamiento me maravilla y obnubila, a la vez que me asusta y me invade un terror cósmico y una desolación dentro de las proporciones terrenales.
Para ponerlo en perspectiva: el celular fue inventado en 1973, apenas 2042 años de diferencia con el nacimiento de la Reina. Cleopatra está más cerca al teléfono celular y al Internet que a esa pirámide tan imponente que aún perdura al día de hoy.
Si tomamos esos 500 años que le salen sobrando a Cleopatra respecto a la terminación de la pirámide en comparación de la invención del celular y los utilizamos para nosotros mismos, descubriremos que hace 500 años (1520) Magallanes estaba surcando el Pacífico para darle la vuelta al mundo, el imperio mexica estaba siendo tomado por los españoles, Cortés lloraba su noche triste y Lutero traía a la Iglesia de cabeza con sus reformas a la manera de interpretar y practicar lo sagrado. Interesante tiempo: con el saqueo en el nuevo mundo y el renacimiento en su apogeo en el viejo, comenzaba a darse forma al mundo moderno, ese que marcaría las pautas que habrían de regir (y otras que habrían de transgredirse en) el mundo que es hoy.
Ahora, tomemos esos mismos quinientos años y en vez de mirar atrás, volteemos hacia adelante. No puedo evitar preguntarme ¿habrá algo qué ver? ¿Estaremos nosotros en esa imágen?.
Vayamos más allá y tomemos esos 2500 años que separan a la pirámide de Cleopatra y tomémoslos para nosotros y un futuro incierto. Desde la pirámide hasta cleopatra, tan sólo en su país, 25 generaciones de gobernantes habían regido;los dioses egipcios fueron desfilando, desde Amón, el creador; la trinidad de la familia (¿suena familiar?) de Isis, Osiris y Horus; hasta el que, se estima, podría ser el primer "único Dios" de la historia: Atón.
Nosotros ya no tenemos faraones - salvo uno que otro gobernante que aspira a convertirse-, tenemos sistemas políticos y económicos que están en constante evolución y sujetos a crítica; en 2500 años a partir de ahora, sistemas irán y vendrán. Al igual que en el antiguo Egipto, otros dioses ocuparán los futuros altares y, con un poco de suerte, ningún dios ya.
Estamos en un momento de la historia donde nadie nos asegura que exista siquiera mañana. Encerrados, resguardados, guarecidos en nuestras casas, me viene a la mente esa serie de hace 25 años (después de las fechas empleadas, no me atrevo a calificar como "vieja" algo con apenas un cuarto de siglo) que nos mostraba la vida de una familia de dinosaurios antropomórficos en la cual, en su último capítulo, se encontraban encerrados en su casa sin poder salir ante la llegada de una natural e infranqueable era glaciar: la era de los dinosaurios había terminado.
"Yo no sé mañana" reza una alegre canción un poco más contemporánea, mientras tanto y ante el marasmo que somos ahora, le ayudo a ocultarse al sol (¿Atón, quizá?) imaginándome lo que fuimos y lo que, de ser, seremos o podríamos llegar a ser.
Mauro Zozaya
domingo, 3 de mayo de 2020
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Partiendo semana
"Fe: he aquí lo más necesario al hombre. Desgraciado el que no cree en nada." -Victor Hugo.
Antonio es obrero, su calificación es deficiente y sobrevive al día, con lo que se le presente, a base de azares y de oportunidades; es un oportunista, pues, en el buen sentido de la palabra.
Como es natural, Antonio es pobre pero eso no le limita tener responsabilidades familiares: esposa ama de casa y dos hijos, el uno escolar, el otro en pañales.
Antonio realmente no tiene ambición, mucho menos codicia. A decir verdad podría vivir como vive y estar conforme; sin embargo la vida lo alcanza, le exige y no lo excusa. El país está devastado, existe un desempleo generalizado, el desarrollo es algo que solo se escucha en los medios, sobre el extranjero y el día a día consiste en un marasmo que transita entre la inmutabilidad de las glorias pasadas y el estancamiento de los tiempos presentes. Y los niños tienen hambre.
En una venturosa situación, Antonio consigue trabajo para el cual está calificado puesto que no requiere de aptitudes, cualquiera pudo haberlo tomado, pero el destino se lo otorgó a él. Sólo requiere una bicicleta para trasladarse y para colmo no la posee. Aplicando el dicho "tú di que sí y luego averiguas" toma el empleo para así tener un pretexto para quejarse de su desdicha, ya tiene la excusa perfecta para presentarse a su mujer y llorarle su desgraciado destino y su incapacidad de cambiarlo. En un arranque de esos grandes y faltos de reconocimiento actos heroicos que las mujeres suelen tener por default y de diario, con su simple apoyo y algo más, le provee el empuje (y el dinero) necesario para hacerse de una bicicleta vieja pero digna y hasta algo elegante (el hecho que sea de la marca Fides le otorga cierta solemnidad) y así tener su única herramienta.
Al día siguiente, con un relucientemente pobre nuevo uniforme y montado en su bicicleta, va a dejar a su hijo a sus labores (parece que todos contribuyen a la economía familiar) y de ahí se encamina a las propias, para desempeñarse torpe pero entusiasta en tan valorado trabajo que promete sacarlo de la pobreza extrema y colocarlo cómodamente en la pobreza a secas. Así las cosas cuando su utensilio de trabajo, su arma de combate, su herramienta de supervivencia (y la de su familia), es robada.
Para este momento ya podemos sentir como el mundo de Antonio se desmorona, corre tras el tunante montado en su bicicleta y lo vemos ver como su Fides se aleja. Intenta retornar a su trabajo pero, francamente ¿qué caso tiene? Deambula por la ciudad y regresa mucho más tarde de lo acostumbrado por un enojado por la incertidumbre, el miedo y la noche, hijo.
El día siguiente es domingo y no se labora, Antonio tiene todo un día para encontrar su bicicleta en la imponente y bella Roma.
Lo que justo comparto es la trama (y un mínimo de spoilers) de Ladri di biciclette ("Ladrones de bicicletas"), película de Vittorio De Sica, una de las exponentes máximas de el neorrealismo, movimiento cinematográfico iniciado en Italia donde el objetivo es la proyección de una realidad intensa, burda... real, valga la redundancia.
Esta realidad se ve materializada en distintos planos durante toda la película: el contexto social y económico de una Italia lastimada por la dictadura y la guerra, la pobreza generalizada en la clase trabajadora que no trabaja, las condiciones de las clases bajas, el carácter de un pueblo tan fervoroso como ferviente, la bastedad de una ciudad dualista que se traza entre la dinámica diaria y el estatismo de sus estructuras; y sobre todo, la candorosa e inevitable realidad humana.
Menciono lo anterior por un elemento medular en la trama. El protagonista busca incansablemente su bicicleta robada, perdida; pero, ¿por qué? ¿qué significa? ¿por qué tanto ahínco? La bicicleta representa calidad, dignidad para su familia, representa su propia valía, lo que mantiene y justifica su existencia en el planeta. Sin su bicicleta su familia no come, es cierto, pero también sin ella el no provee, no aporta, no cumple, no es hombre; casi, no existe... o no lo merece, o por lo menos, nuevamente, no lo justifica. Por ello, no es casualidad que el nombre de la bicicleta sea Fides, palabra en latín, lengua precursora de la lengua original de la película y también de esta, que con este escrito, profano, para fe.
En Ladri di biciclette presenciamos a un hombre en búsqueda de su fe, no en el sentido religioso, fe en la acepción de confianza, en la búsqueda de algo en qué creer, de dónde asirse, por qué vivir.
La pregunta central de la película podría reducirse a ¿encontrará Antonio su bicicleta? Pero al final resulta inevitable voltearse a ver uno mismo y reformularla: ¿encontraré yo la mía?
Para Luisa, que su fin se convirtió en su medio y su transporte recién la llevó por las citadas locaciones.
jueves, 9 de junio de 2016
la bruja, la mujer, la incomprendida
¡ay! dígame, dígame, dígame usted
¿cuántas criaturitas se ha chupado usted?
ninguna ninguna, ninguna no sé
yo ando en pretensiones de chuparme a usted....
"la bruja" son jarocho
Es difícil encontrarse una buena película de terror en estos tiempos, la mayoría de las producciones actuales se limitan a reproducir ad nauseam recursos tan ensayados que resultan predecibles y rebajan la calidad de la historia: desde la quietud ultrajada por sonidos agudos a niveles nocivos para el oído humano, el respirar agitado o los latidos acelerados de un corazón, tomas meramente subjetivas, hasta elementos que ofenden el buen criterio del espectador como la utilización de muñecos o seres con grotescos rostros o el abuso de sangre y gritos desesperados. En general el género del terror, que históricamente padece de una mala reputación entre los cinéfilos, atiende a la exaltación de los sentidos de los espectadores y jugar con su conciencia y la búsqueda de estos fines lo ha orillado a la generación de producciones mediocres que causan arrepentimiento cuando se ha invertido dinero para verlas. por lo que encontrarse con una propuesta que rompa los esquemas de su género y además tenga la suficiente calidad para generar fascinación y controversia lleva a ver una luz en el horizonte. Este es el caso que, me generó en lo particular, "The witch" película rodada en 2015 con un irrisorio presupuesto de $3 millones de dólares liderado por un joven y novato director quien con su trabajo se evidencia como promesa (y esperanza) de la cinematografía.
Es de mi gusto ver películas del género de terror sobre todo cuando no quiero pensar mucho y busco algún título del que no espero obtener más que dos horas añadidas a mi reloj al haberlo concluido, de tal suerte que es mi placer culposo ver películas de bajo presupuesto o baja calidad como "the evil dead" o "hellraiser" por lo cual me siento presugestionado a no encontrarme con alguna sorpresa, un terror real o al menos un sobresalto. La última vez que esto ocurrió fue cuando vi "rosemary's baby" de Roman Polanski hace algún tiempo y me hizo comprender que el terror es más que recursos repetidos o sustos repentinos, rememorando la sensación de angustia e incomodidad causada por algunos de los relatos de Edgar Allan Poe (no es mi intención definir o acotar qué es el terror porque ese no es el fin de esta entrada {si alguien sabe cuál, favor de decírmelo}).
Volviendo con "La bruja" es impresionante: con una fotografía más que buena que nos regala cuadros que podrían pasar por verdaderas obras de arte, la calidad y el cuidado en los detalles se transpola a otras categorías: diálogos que son ingrediente fundamental para la continua sensación de angustia (en los que por cierto cuidaron hasta el detalle de los modismos y gramática inglesa que se utilizaba por las fechas de los eventos), actuaciones MAGISTRALES, y así debo de decirlo: en mayúsculas, sobre todo por parte de los menores que intervienen en la película y giros de historia que sencillamente no se ven venir por el simple hecho de estar uno ensimismado con el momento en la pantalla.
al finalizar la película no tuve más que decir que "la bruja" es una muy buena película... y sin embargo no quedé tranquilo, y es por eso que comencé a darle vueltas a ese término y es por eso que decidí comenzar esta entrada.
La película se sitúa a mediados del siglo XVII en los Estados Unidos, una época convulsionada en guerras, conquistas, expansiones y destinos manifiestos; una época donde la política y la religión rigen la vida de los colonos ingleses en América y donde ellas (política y religión) se sirven la una de la otra para lograr sus fines, someter voluntades y aprehender mentes. Apenas mencioné que el grueso de las tensiones en la película no son por eventos sobrenaturales sino por los diálogos cargados de religiosidad y es esta y la fe del Dios que persigue los que mantienen en jaque a los personajes de la trama; así pues tenemos por un lado una serie de eventos desconocidos e incomprensibles por las personas y por otro una divinidad -desconocida e incomprensible también- que provocan el terror en una pequeña familia de colonos granjeros, recién llegados a tierras americanas.
Es en este mismo contexto triangulado por ignorancia, opresión y fe exacerbada en el que, por esas mismas fechas y por esos mismos lugares se desencadenarían una serie de vergonzosos eventos que quedarían para la posteridad con el nombre de "los juicios de Salem". En ellos se acuñaría el concepto de "cacería de brujas" para designar la persecusión inquisitorial de personas por alguna causa determinada, en el caso del poblado de salem a un grupo de mujeres (y a unos cuantos hombres) por ser acusados de brujería y pacto con el demonio. ahora: tales acusaciones eran infundadas y no se procuraba la develación de sus elementos, lo que convirtió a los jucios en una serie de chismes, algunos movidos por el miedo, otros por intrigas, con fatídicos resultados.
y aun con todo lo dicho sigo sin comprender qué es ser bruja.
Hace algunos años leí un libro "la dama de negro" si mal no recuerdo. un texto mexicano donde refiere a la bruja como institución y hace mención de distintas mujeres a través del tiempo que en su sociedad han sido temidas, aborrecidas, respetadas y, cuando es posible, perseguidas. Así tenemos a unas mujeres mexicas consideradas brujas por hacer amuletos para la buena fortuna en batalla, codiciados por los guerreros y fabricados con fetos humanos; a "la llorona", mujer en pena que llora la muerte de sus hijos, producto sincrético del colonialismo español y del indigenismo local, otro rotro de "lo femenino" rostro alrterno, quizá, de la virgen de Guadalupe; o a la mulata de córdoba: mitad española, mitad negra que en Veracruz hizo (y sigue haciendo, pues desaparece y aparece a voluntad en distintas épocas, incluso en varios lugares a la vez) temblar a los veracruzanos con su poder de alterar el clima o maravillarlos con sus dones de curación y conocimientos de herbolaria -quizá tomando como base esta leyenda y otras más de esa región, los nativos de ese estado mexicano tienen en la bruja un elemento recurrente de su folklore, el cual serviría de base para componer la canción al inicio citada donde la bruja, más allá de lo sobrenatural, temible o desconocido, es la mujer cercana, la que se entrega, la que comparte el lecho pero no la vida. En este caso la bruja es la personificación de los deseos del hombre, de sus pulsiones sexuales y el objetivo encontrado por la noche que sale a buscarla (llevando dándole al término "cacería de brujas" otro nivel)- ; o más recientemente a la dama de negro. En la Europa medieval una mujer acusada de pacto con el demonio era repudiada y condenada a vivir en el bosque, lejos de la protección de la sociedad, a merced del tiempo, las fieras, o de delincuentes y forajidos, desprotegida ante la naturaleza y la naturaleza humana. no era condenada a la muerte porque eso traería mala suerte a su ejecutor o al pueblo completo. En la película se ve a una mujer vieja que vive en el bosque y quien tiene como hobbie robar infantes y hacer invocaciones demoniacas en sus ratos libres. Así pues tenemos a la soledad y marginación como común denominador histórico de una figura que representa todo lo prohibido, lo pecaminoso, lo que antenta contra Dios y sus leyes. curiosamente la bruja tiene poderes benévolos y conocimientos específicos que nadie más tiene, y tal parece que esos conocimientos son también contranatura, alimentando la teoría que el conocimiento es poder... circunstancia que tiene puntos de contacto con la mentalidad que dio origen al refran muy conocido en el siglo pasado que dice "mujer que sabe latín, ni encuentra marido ni tiene buen fin".
En fin, pareciera que la bruja es la mujer que no es mujer, o no en su idea clásica; la mujer que no es mujer, que no se limita a serlo, sino algo más. la que va en contra de la naturaleza de su sexo, la que fornica, la que sacrifica vidas, decide suertes,conoce el tiempo, conoce las hierbas, conoce a los hombres, la que tiene poderes, la que no tiene varón. La bruja es la mujer que reta al hombre.
Al analizar a la bruja de antaño me es inevitable recordar a la puta de hoy. existe incluso un evento en su honor llamado "la marcha de las putas" pero ¿qué es una puta y quién se atreve a adjudicarse tal título? la puta (por lo menos la que marcha) es la mujer temida, como la bruja, por la sociedad. la mujer que va en contra de la naturaleza de su sexo (como la bruja): la que viste como deseea, la que trabaja, la que ejerce libremente su sexualidad, la que aborta, la que deja plantado al hombre, la que es lesbiana, la que va contracorriente, la que no tiene varón. La puta (como la bruja) es la mujer que reta al hombre.
culminar hablando no de cinematografía, folklore o leyendas y en su lugar abordar el basto tema de la mujer y su arquetípico misterio me lleva a releer una anterior entrada a este blog versada en una canciónde Alejandro Filio (que puede ser leído aquí) y donde abordamos una imagen tradicionalmente más amable de la mujer.
jueves, 28 de enero de 2016
Andrôn gàr epiphanôn pâsa gê táphos
“joven ¿sabe usted dónde queda la calle Garmendia?” escucho
y no al caminar por una de las calles del centro de la ciudad, sinceramente no
logré comprender al principio, oí pero no escuché un susurro a lo lejos, en mi
mente llegué a pensar “qué clase de susurro es este, de existir, el llamado de
un hada sería quizá de esta manera”, incluso llegué a felicitarme por constatar
el oído tan fino que aun poseo y que me permitió escuchar alguna señal de radio
a lo lejos, dentro de aquel tumulto, entre el ir y venir de anónimos. Pero de
repente la señal cobró forma y comprendí que era una pregunta; extrañado vuelvo
mi mirada y sobre la acera veo a un hombre que está alcanzando la vejez
mirándome con timidez, con el único ojo que no tenía vendado.
-dígame ¿en qué puedo ayudarlo?-
-la calle Garmendia, joven-
-es exactamente la que sigue-
-pero ¿corre com…-
-sí, señor, como esta. ¿Qué dirección busca?
-Garmendia y blvd. Rodríguez donde hay una llantera-
-es la siguiente, señor. Pero el Rodríguez aún queda lejos. Yo
voy para ese rumbo, si gusta lo llevo- (sí, Hermosillo sigue teniendo el alma
de una comunidad pequeña y todavía pueden encontrarse arrojados ofrecimientos
como este… por convencionalismo habré de apercibir a las personas que no lo
intenten en sus casas).
Como gozaba de nuevo copiloto decidí que lo mejor sería que
entráramos en confianza por lo que muy sutilmente comienzo a sacarle sus
generales mientras nos acercábamos al carro: “y ¿de dónde es usted, oiga? pa’
no saber la dirección”, “de un ejido, cerca de Nuevo Casas Grandes, Chihuahua,
pero vivo en Agua Prieta pero vine a operarme del ojo (ahora comprendemos el
lector y yo del parche que portaba el amigo) y tengo que ir a la llantera que
me dijeron que…” suficiente para mi. Ahora bien: no he estado en Casas Grandes
pero sé que es un municipio de Chihuahua muy cercano a la población donde viví
en mi infancia, así que movido por mis conocimientos teóricos del lugar y
confiado en la autoridad que me otorga el “venir de la región” me aventuro a
preguntarle “¿pa’ qué lado de Casas Grandes, oiga?”. me dijo. No hace falta
decir que no supe.
Al preguntarme él si conozco para allá le contesto que no,
pero que mi familia vine de un pueblo de Sonora muy cerca de esos rumbos. Cuando
le respondo el nombre del pueblo el asiente y dice saber, diciendo que el suyo
tiene salida con otro pueblo, vecino al mío, y como es común, mientras el carro
avanza, comienza a preguntarme por algún conocido suyo que trabajó en el banco
rural en mi pueblo, a quien evidentemente desconozco, pero eso no lo amedrenta
y prosigue con su plática donde me percato que es gran conocedor de la
geografía política y del jet set serrano de mi estado al mencionarme ilustres
nombres del sector ganadero regional y es ahí cuando su plática se vierte en
algo que quizá muy fondo yo espera escuchar desde el principio: “nosotros
conocimos a otro ganadero muy famoso de su pueblo: Mauro Zozaya ¿lo conoce?” no
puedo evitar dibujar una sonrisa en mi rostro al contestarle “claro, es mi
padre”, “¿es su papá?, ¿de veras? ¡mire nomás! ¡qué gusto, permítame
presentarme…” y es así como termino escuchando una inesperada anécdota de mi
padre. Llegamos a su destino, el hombre se deshace en agradecimientos e insiste
que apunte su número para “cualquier cosa”. Muy contento se baja del carro
diciéndome lo que me arroba de toda esa vivencia: “qué gusto haberme encontrado
con el hijo de un hombre tan conocido”.
Me despido del hombre y emprendo mi camino, a la vez que
comienzo a recordar a mi padre.
Quizá movido por la necesidad procuro compartir en redes
sociales, entre mis amigos o por lo menos en una simple confidencia algún
pensamiento, canción o verso cada año en el día que murió mi padre, este año no
lo hice. Consideré sano comenzar a dejar descansar a los muertos. Este hecho
tan fortuito, aislado, casuístico, circunstancial y hasta cierto punto azaroso ocurrió
un día después del 25.- aniversario de su fallecimiento dejándome en claro que
las personas no se van del todo y está latente la posibilidad constante de
verlas aparecer, al doblar una esquina, al desenterrar una foto, al volver a un
lugar… al platicar con un completo desconocido.
Quien se atreva a aseverar que la gente muere, poco sabe de
la vida.
domingo, 11 de mayo de 2014
Dies Domini
Siendo domingo cualquiera de mi ciudad; cuando el tiempo, de transcurir, lo hace sin prisas y hasta con pausas y el ambiente sofocante evoca, hace sentir que se está viviendo en una novela de García Márquez y se es uno de sus personajes y no uno de la novela de Dios, me viene a la mente la lucha/imposicón (depende el bando en el que se esté) mayormente extendido en nuestra cultura: la posición ante la Iglesia.
Conforme transcurre el tiempo está institución ha tomado distintas posturas, adaptándose, moviéndose, sobreviviendo (aún que para ello haya tenido que matar): de perseguida a perseguidora, de atacada a atacante, de activa a pasiva, de libertaria a opresora hasta llegar a nuestros días.
En la actualidad tenemos (los que vemos) la percepción de una entidad conservadora, amante del estado de cosas y perpetuante del "status quo"; incapaz, inflexible, reacia a los cambios y ajena y sorda a las necesidades de las masas. Sin embargo, y esta es la carta fuerte, comodín y excusa preferida de sus simpatizantes, su característica primordial es que es universal y con esto no se refieren a que pueden encontrarla en cualquier confín de la galaxia (la N.A.S.A ni siquiera ha llegado a marte) sino que a partir de su unidad existe una divergencia y pluralidad de pensamientos que solo sirven para enriquecerla y para darle gloria a Dios (aquí recordamos a Orwell que ante la misma validez e igualdad de posturas existen unas pocas que son más iguales que el resto... una cosa a gusto) y en el seno de esta pluralidad se han gestado vocaciones: vida, incluso muertes de hombres y mujeres que ante la filosófica incertidumbre de la existencia de un ser divino se desea gracias a su testimonio, creer; generar en ese preciso momento, imaginar siquiera en ese mismo instante el perfil de un ente Todopoderoso al cual postrarnos y que nos ame por sobre todas las cosas (Un saludo, un beso enorme el más grande a mi tía auxi: ejemplo vivo de esto que hoy menciono), hombres comprometidos con su diócesis, su sociedad, su prójimo. Hombres que han vivido y muerto por ideal cercano a su Dios y muchas veces ajeno a sus superiores. Uno de estos hombres fue Monseñor Romero como se le conoce a Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, sacerdote católico y arzobispo de la ciudad de San salvador que denunciaba públicamente los abusos de las autoridades de su país y la persecusión de feligreses y prelados en su nación, asesinado por cobarde arma de fuego en el momento más idílico, más exacto y quizá romántico en el que puede morir aquel enamorado de su fe seguidor de su Dios.
A continuación un texto extraído de "Espejos" de Eduardo Galeano:
En la primavera de 1979, el Arzobispo de El Salvador, Oscar Romero viajó al Vaticano. Pidió, rogó, mendigó una audiencia con el Papa Juan Pablo II, pero en vano. Por fin, poniéndose en la fila de los fieles que esperaban la bendición, Romero sorprendió a Su Santidad para robarle pocos minutos. Intentó entregarle un voluminoso informe, fotos, testimonios, pero el Papa no lo aceptó. 'No tengo tiempo para leer tanta cosa' le respondió. Romero balbuceó que miles de salvadoreños habían sido torturados y asesinados por el poder militar. Que ayer no más, el ejército había acribillado a 25 ante las puertas de la catedral. El Santo Padre lo paró en seco: 'No exagere, señor arzobispo!' Y luego exigió, mandó, ordenó: 'Ustedes deben entenderse con el gobierno! Un buen cristiano no crea problemas a la autoridad! La Iglesia quiere paz y armonía.' Diez meses después el arzobispo Romero cayó fulminado en una parroquia de El Salvador. Las balas lo alzaron en plena misa, cuando estaba alzando la hostia (el Papa desde El Vaticano condenó el asesinato). Juan Pablo II, no hace mucho, fue declarado beato.
Hoy el asesino está identificado, Juan Pablo II es santo, Monseñor Romero sigue muerto, la justicia duerme, yo escribo, tú lees y el mundo , como siempre (para bien o para mal) sigue su curso.
En memoria del sacerdote mexicano Roberto Valdéz, torturado y asesinado en la sierra de Nácori Chico, Sonora en 1990 (aprox.).
miércoles, 19 de marzo de 2014
Minotauros
Todos hemos escuchado el mito del minotauro: el rey que niega rendirle honores a Poseidón y este, furioso, decide vengarse; por lo cual hace objeto del deseo de la reina a un toro blanco que seduce a la esposa del renuente, apóstata y rebelde monarca. De esta unión antinatural surge un ser que la tradición caracteriza como horrendo: mitad animal, mitad humano; un hombre con cabeza de toro; "Minotauro". El rey no lo mata, no podría; después de todo el infame ser es grial de dos sangres preciadísimas: la de la reina de Creta, por un lado y la del dios del mar, por otro. El matarlo significaría un sacrilegio mayor que el que su sola existencia representa, por lo que se le ocurre una idea mejor: tiene que encerrarlo.
Sabemos que el rey contacta al mejor arquitecto de Grecia y este le construye un laberinto sin igual donde puede encerrar al engendro, sabemos también que el constructor, eventualmente, cae en la desgracia del gobernante y este lo encierra en la misma construcción y que en su momento logra escapar para matar, accidentalmente, a su propio hijo (mito que me fascina, si no me creen pregúntenle a mi perro).
Regresando a la narración primaria tenemos, pues, al minotauro vagando solo en su laberinto. Los días le son iguales, camina sin rumbo, pasa o deja de pasar incontables veces por una misma habitación, lo moja la lluvia, el sol lo golpea, le azota el frío y la noche lo cubre. Se acuesta donde le oscurece y probablemente no duerma, o tal vez sí. Cada nueve años (que para él son nueve minutos o nueve milenios) recibe visitas: catorce jóvenes vírgenes, siete machos y siete hembras con las que interactúa, con los que juega, con los que se alimenta; y otra vez la soledad, por otros nueve años (o nueve minutos o nueve milenios). Un día llega otro joven, se ve distinto, huele distinto y probablemente sepa, también, diferente. Este es completamente ajeno a cualquiera de sus anteriores amistades: este tiene destino y su destino es darle muerte. Y lo hace. El minotauro jamás supo el nombre de su verdugo y libertador: Teseo.
El mito del minotauro, herencia helénica que ha sobrevivido por tiempos, distancias, mares y religiones nos llega a nuestros días y encierra en una sola criatura que jamás podría existir un vasto significado y una analogía perfecta de lo que somos y de lo que dejamos de ser. El minotauro era mitad fiera y lo veo en cada animal que mi paso topa: Su mirada que grita salvaje inocencia, su nariz que delata curiosidad, las orejas precavidas y todo aquello que los hace ser: el pelaje ante la intemperie, la dentadura para alimentarse, el instinto para sobrevivir.
Pero el monstruo del laberinto es algo, en parte literal y figurado, más sustancioso. El minotauro es un fiel reflejo de la humanidad. Cada uno de nosotros y nuestra especie en un sentido un tanto más amplio y laxo, es un minotauro que vive absorto en su singular laberinto. El cerebro visto desde un punto de vista fisiológico (incluso fisonómico) nos da su imagen y lo evoca: El entretejido de axones que llevan las corrientes electroquímicas y en ellas las órdenes, por nuestro cerebro es un laberinto de conexiones que prenden y se apagan, se recuperan y mueren, dando valor al que quizá sea el órgano más importante de nuestro cuerpo; pero el razonamiento, la memoria y las emociones que nuestro cerebro también controla están lejos también de ser una linea recta. ¿Cuántas veces no nos hemos enfrascado en un torrente de sentimientos incontrolabes e intransferibles? ¿cuántas de esas veces hemos podido escaparnos (salir) de él? vivimos siempre en nuestro propio laberinto.
Aquí hubiera añadido al listado "la vida" pero sería caer en dos errores en los que acostumbro, tradicionalmente, a caer: en entrar a temas que no domino (casi todos) y verme muy kitsch (casi siempre), solo quiero hacer constar mi creencia de que al momento de nacer somos arrojados a un mundo sin aparente salida, con múltiples bifurcaciones y sin posibilidad de regreso.
Escribo este párrafo exactamente después de acariciar un instante a mi perro, de que oliera la computadora, de que me permitiera constatar su envidiable dentadura y espeso aliento con un bostezo en mi rostro y de verlo retirarse a vagabundear por la casa, olfatear los calcetines que me quité a medio día y dejé en el piso o a molestar a mi madre... un suspiro en la sala me da a entender que no hizo nada de lo anterior y que se fue a recostar entre dos sillones y a esperar...¿?. Al verlo a él andando por mi casa veo por un momento al minotauro andando por su laberinto y me veo a mi, andando por mi vida.
Me gustaría compartir un cuento de alguien que verdaderamente tiene conocimiento, capacidad de atracción y retención del lector, buena ortografía y redacción; cosas que fácilmente se notarán ausentes del texto de arriba.
Precioso cuento "La casa de Asterión" incluído en el libro "El Aleph" del maestro Jorge Luis Borges. Espero que lo disfruten la mitad de lo que yo lo hice en su momento.
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